El artículo de hoy es uno de esos artículos que se basan más en la experiencia personal que en la teoría. Son pequeñas actuaciones que voy llevando a cabo durante estos últimos años y quiero pensar que con cierto éxito. Los trucos de los que os quiero hablar hoy se caracterizan principalmente por su sencillez, ya que todos somos capaces de llevarlos a cabo en nuestras sesiones lectivas.

 

En la actualidad, hay un término inglés que se ha popularizado enormemente en distintos campos y disciplinas, también en la Educación. Se trata de la palabraengagement. Un término, por otra parte, de no muy fácil definición pero que viene a definir un tipo de relación personal basado en la fidelización, en el compromiso y en la motivación. En mi caso prefiero un término que creo que nos es mucho más cercano a todos. Este término no es otro que enamorar.

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Fotografía extraída del banco de imágenes de Cenice

¿Qué trucos podemos utilizar para enamorar a nuestros alumnos?

Vaya por delante que la intención de este artículo no es hacer que nuestros alumnos acaben rendidos a nuestros encantos. Nada más lejos de eso. A lo que me refiero con la palabra enamorar, es conseguir conectar con los alumnos, que se alegren de vernos, que esperen con ilusión la clase que les vamos a impartir, que sean capaces de ver en nosotros a un modelo, a alguien cercano. Esto para mí es lo que entiendo por enamorar a los alumnos y estos son algunos de los trucos que creo te pueden funcionar:

1. Entra sonriendo. No digo nada nuevo al afirmar la importancia del lenguaje no verbal a la hora de comunicarse. Personalmente, la entrada en el aula es un momento al que le concedo muchísima importancia, porque en cierta manera puedes adivinar cómo se desarrollará la sesión lectiva. En mi caso siempre intento entrar con una sonrisa. Y entro con una sonrisa porque sé que es contagiosa, porque siempre habrá algún alumno que te devolverá en algún momento esta sonrisa. Con este alumno habrás conseguido conectar muy probablemente hasta el final de la clase. No entiendo el empeño de muchos docentes en entrar con el semblante serio o proyectando cierto enfado. No tengo muy claro que el semblante serio implique mayor control del aula y mayor disciplina. En mi caso, al menos, prefiero enseñar desde la sonrisa. Tiempo habrá si acaso de ponerse serios durante la sesión lectiva.

2. Cuenta una anécdota. No hay mejor forma de conectar con un alumno que contando una anécdota. Una anécdota que puede ser nuestra o de otra persona. Las anécdotas, como las historias, tienen un enorme poder de seducción para los alumnos. Debemos ser capaces de poder usar estas anécdotas de una forma inteligente, ir dosificándolas a lo largo de una clase. Son una excelente forma de captar la atención, de disminuir conductas disruptivas, de encandilar a tus alumnos. Se puede y se debe enseñar contando historias, contando anécdotas. Y tan importante es contarlas como que nuestros alumnos también puedan hacerlo.

3. Finaliza la clase con un vídeo. Este truco no falla nunca. Ya me he referido en otros artículos a la importancia de diversificar los distintos materiales de que disponemos. Aquellos que contamos en clases con equipos de audio y pantallas digitales o proyectores, conexión a internet, debemos aprovecharnos al máximo de estos recursos. Poniendo un vídeo al final de la sesión es una excelente forma de decirles a tus alumnos que han hecho un buen trabajo durante la sesión, que estás satisfecho y agradecido por ello, y que quieres recompensar este esfuerzo con un tipo de material que permite la distensión y la relajación. Es un momento para disfrutar con ellos. Yo os recomiendo que sean vídeos que no superen los cinco minutos y que, en la medida de lo posible, guarden relación con el currículo de la Unidad Didáctica que estés impartiendo. También hay que tener muy en cuenta un canal como el de Youtube, muy popular entre los alumnos.

4. Aprende de tus alumnos. No hay mejor manera de enamorar que hacerles ver a tus alumnos que ese día ellos te han enseñado algo. Se trata de un truco muy sencillo, ya que puedes aprovechar las asignaturas que hayan tenido ese mismo día. La propia pizarra tradicional te dará un montón de pistas. Hazte el curioso, y deja que ellos te enseñen algo que saben, algo que para ellos tiene cierto valor y escúchales con atención, de forma activa, asintiendo con la cabeza. Hazles sentir importantes, hazles sentir que ellos también tienen algo que decirte.

5. Da o presta algo que sea tuyo. En el maletín de un docente hay algunas cosas que nunca pueden faltar. Los pañuelos de papel son una de esas cosas. A los alumnos les encanta que les demos o prestemos algo. La acción de coger el maletín y sacar algo de dentro y dárselo al alumno es visto por muchos de ellos como algo muy a valorar. He hablado de pañuelos de papel, pero también puede ser material escolar. En este caso hazles ver que se lo prestas indicándoles que para ti es algo importante, que deben responsabilizarse de este material prestado. En ese momento estarás creando un vínculo entre tú y el alumno, y podrás aprovechar para hablar con él cuando te lo devuelva.

6. Di o haz algo inusual. No no te estoy pidiendo que hagas el payaso en clase. Para nada. De lo que se trata es de llevar a cabo algunas actuaciones que se salen de lo normal en una clase lectiva. Puede ser un gesto, un movimiento, cantar una canción, recitar un poema, cambiar el tono de voz, andar de puntillas hacia un alumno que está medio dormido…. Estas extravagancias tienen un poder tremendamente efectivo, porque descolocan al alumno y al mismo tiempo consigues arrancarle una sonrisa de complicidad. Haz de la sorpresa una de tus mejores armas para enamorar a tus alumnos.

7. Intercambia los papeles. Muchos de vosotros sabéis el poder de atracción que tiene la silla del profesor en el aula. Cuántas veces habremos entrado en el aula y nos habremos encontrado con que hay un alumno sentado en la silla del profesor. Pues bien, a lo largo de la sesión lectiva puede ser un excelente recurso para enamorar a tus alumnos el intercambiarse los papeles. En mi caso me gusta hacerlo cuando estamos repasando algunos conceptos de una Unidad Didáctica. Lo que hago es sentarme en la silla de alumno y el alumno en la mía. Lo cierto es que se produce una situación que a los alumnos siempre les choca y os aseguro que, bien gestionada, hace que se produzca un momento de distensión en el aula.

8. Convierte a un alumno en protagonista. No hay nada que nos guste más que sentirnos especiales. Pensad si no en vuestros aniversarios. Creo que no existe mejor manera de conectar con las personas que haciéndoles ver lo importantes que son para ti. Pues bien, os recomiendo que proyectéis esta idea en vuestros alumnos, que hagáis sentirlos especiales, que potenciéis sus cualidades y sus virtudes. Si así lo hacéis, lograréis establecer un vínculo que os beneficiará enormemente, porque la respuesta que tendrá ese alumno será de gratitud. Y la gratitud es una muy buena compañera para enseñar y para aprender.

9. Crea expectativas. Tenemos que ser capaces de vender nuestro producto. Y hacerlo de la mejor manera posible. En el mundo del marketing el mejor producto es aquel que mejor se vende, independientemente de si es mejor o peor. Así que nosotros debemos vender aquello que enseñamos mediante la creación de expectativas. La creación de expectativas son muy útiles al inicio de una sesión lectiva. Una vez entréis en el aula, lo primero que debéis hacer es dar a conocer vuestro producto, lo que enseñaréis. Y hacerles ver que será algo único, especial, diferente, maravilloso, increíble. Estas expectativas serán recogidas por vuestros alumnos y os aseguro que la predisposición para su aprendizaje será mucho mayor.

10. Bromea. En otros artículo he afirmado que se puede y se debe aprender jugando. Pues bien, en este artículo también quiero pensar que se puede y se debe aprender bromeando. Porque cuando bromeamos estamos enseñando a nuestros alumnos que nos podemos reír con la gente y no de la gente. Una broma dicha a tiempo es un arma tremendamente poderosa para establecer un vínculo emocional con tus alumnos. Favorece el lenguaje figurado, rebaja la tensión, crea distensión, sirve para establecer transiciones entre las diversas actuaciones en el aula.

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Fotografía extraída del banco de imágenes de Cenice

Como podéis ver, estos trucos o consejos tienen una muy fácil realización dentro de un aula y son aplicables a todas las edades. En muchas ocasiones no somos conscientes de que las grandes clases se nutren de estas pequeñas actuaciones. Debemos reflexionar sobre cuál es nuestro papel en el aula y qué hacemos para capar la atención, para enseñar a nuestros alumnos, para seducirles con nuestras palabras y nuestros gestos, para, en definitiva, enamorarles. Esforcémonos entonces en ganarnos a nuestros alumnos, para que este enamoramiento les propicie una mejor predisposición en sus procesos de enseñanza-aprendizaje.

Ya que el artículo trata de cómo enamorar, me permitiréis que acabe la entrada con una célebre cita de Gesualdo Bufalino que reza sí:

Enamorarse es un lujo, quien no puede permitírselo, finge.

 

 
 EduardPunsetEs fantástico que la ciencia empiece a estudiar la raigambre social de la música. ¿Hay algo que se pegue más que una buena melodía? Lo único que sabemos a ciencia cierta de ella –y ha estado con nosotros desde los orígenes de las primeras tribus humanas– es su universalidad. Parisienses y cameruneses, mayores de edad y niños, todos parecen emocionarse con tonos y tiempos parecidos. No me digan que no resulta increíble que unos y otros coincidan en hurgar en cierta armonía, en un acorde, fruto de darle a una octava, mientras interpretan como discordia, o en todo caso como una señal de tristeza, una melodía demasiado lenta.

Lo único que conocemos de la música es su universalidad… y que se trata de un evento social. Yo no conozco nada que pueda mantener unido a un colectivo durante tanto tiempo; tal vez la religión o el credo político. Ahora bien, lo curioso es que tanto la religión como la política van a menos, mientras las melodías van a más.

Justamente, quizá sea esta falta de utilidad concreta de la música lo que la hace tan querida por todo el mundo. El lenguaje parecería seguirla en cantidad de devotos, aunque por razones muy distintas: todas las personas se precian de poder hablar y transmitir un pensamiento a los demás. A los neurólogos del futuro les corresponde detectar si la diferencia entre el lenguaje musical y el hablado es tan grande como parece: el primero no parece transmitir gran cosa, mientras que el segundo tiene utilidades: entenderse, concentrarse y encaminarse a la consecución de un objetivo determinado. 

¿Pero y si las diferencias no fueran tan nítidas? En los laboratorios se está demostrando con simios y humanos que los recuerdos son mucho más frágiles de lo que se pensaba; la gente tiende a tergiversarlos con una facilidad extrema y a decir ‘Diego’ donde dijo ‘digo’. Además, resulta que los procesos cognitivos del cerebro son tan complicados que ahora sabemos a ciencia cierta que el inconsciente decide por nosotros unas milésimas de segundo antes de que nosotros resolvamos, de forma consciente, comer o no hacerlo, ir a la derecha o a la izquierda, olvidar una idea o recordarla.

¿Y si resultara que la música hubiera precedido al lenguaje, pero que este último hubiera conservado la herencia genética de la primera? Y que ni una ni otro sirven para gran cosa. Desde luego, cada vez está más claro que más y más gente se arrima a la música, mientras que aumenta continuamente el número de los que desconfían del lenguaje. Yo siempre digo que un idioma no sirve para entenderse –eso hay que dejárselo al cuerpo y al movimiento–, sino para engañarnos unos a otros; para hacer creer a los demás lo que queremos que crean.

Algún científico por ahí en el mundo me intentaba convencer de que, al contrario de lo que decía el filósofo griego Platón, el pensamiento no era lo más importante, sino el movimiento. Que el cuerpo había conseguido tales argucias y adelantos que el lenguaje o el pensamiento solo se necesitaban para poder acompasarlos, para instrumentarlos. ¿Se han parado a pensar mis lectores en lo inverosímil que resulta –por favor, que me corrijan los matemáticos– la teoría del equilibrio de los animales bípedos, como nosotros? Ni Dios sabe todavía qué es lo que nos permite andar con solo dos piernas sin perder el equilibrio, teniendo que sortear –como nos toca hacer– tantos vericuetos y curvas enrevesadas.

Ya no digamos lo que hacen algunos músicos con el juego mágico de sus dedos interpretando al piano una de las piezas de Mozart. ¿Se han fijado en cómo mueven de memoria sus dedos sin que les tiemble el pulso y respetando siempre la melodía que nos embelesa? A lo mejor lo único que importa es, justamente, lo que nos embelesa: sentir que formamos parte de la manada, empatizar con los demás. A lo mejor la música sirve para algo y el resto, para casi nada.

 

Saludos a todos. La ansiedad al tocar puede ser un enemigo letal para muchos instrumentistas.  Si no se canaliza correctamente, dicha ansiedad puede poner en peligro nuestras presentaciones y  no nos permitirá reflejar el trabajo de horas y horas de práctica. En este artículo Dr. Noa Kageyama  nos habla del centering, una técnica que nos ayudara a usar la ansiedad a nuestro favor. Espero les sea util. 
 

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Acerca del Dr. Noa Kageyama
Psicólogo de la  interpretación instrumental (Performance psychologist) alumno y profesor en  Juilliard, Dr. Noa Kageyama le enseña a los músicos a tocar con su máximo potencial en situaciones de presión a través de casos reales, asesorías y cursos en línea.  Dr. Kageyama vive en la ciudad de Nueva York, está casado con una pianist increible, tiene dos niños divertidos y tiene una leve obsesión con  tecnología y los productos de Apple.   
Para más información visite: 
http://www.bulletproofmusician.com

Escrito por Dr. Noa Kageyama  (http://www.bulletproofmusician.com/how-to-make-performance-anxiety-an-asset-instead-of-a-liability/)
Traducido por David López

         A menudo nos hacen creer que estar “nervioso” es malo. De hecho, la mayoría de consejos que he escuchado están dirigidos a reducir la ansiedad.  En todos estos años hice de todo para deshacerme de las sensaciones desagradables asociadas con la ansiedad al tocar. Ensayé comiendo bananas, tomando té de manzanilla, imaginándome el público en ropa interior, privándome de sueño, practicando más, tomando varios suplementos e incluso tratando de convencerme a mismo que no importaba cómo tocaba. Nada de esto, por supuesto, hizo desaparecer la ansiedad o me ayudó a mejorar mi manera de tocar.  

            De acuerdo con mi experiencia al trabajar con el psicólogo deportivo Dr. Don Greene cuando era estudiante de posgrado en Julliard y de mi propia experiencia como estudiante de doctorado en psicología de la interpretación musical, llegué a la conclusión de que la ansiedad misma no es el problema. El problema es que la mayoría de nosotros nunca aprendió a usar la adrenalina a nuestro favor. Al decirle a nuestros estudiantes o a nosotros mismo “solo relájate”, en realidad estamos haciendo un mal al confirmar implícitamente que la ansiedad que sentimos es mala y que le debemos temer. Aprendí a acoger la sensación de adrenalina y a usar esa energía para impulsar mis recitales y para tocar con más libertad, más convicción y más confianza de la que jamás pensé. 

            La gran pregunta, por supuesto, es ¿cómo convertir la ansiedad  de un problema a una ventaja? Antes de hablar sobre esto, necesitamos entender primero qué pasa cuando nuestra mente está bajo situaciones de estrés. 

Cerebro Derecho vs. Cerebro Izquierdo

            Nuestros cerebros tienen dos regiones básicas – hemisferio derecho y hemisferio izquierdo. Es cierto que decir que los hemisferios derecho e izquierdo son totalmente independientes es una sobre simplificación de la inmensa complejidad de nuestro cerebro, sin embargo es un modelo muy efectivo para entender los estados mentales óptimos para tocar un instrumento musical.  

            El hemisferio izquierdo del cerebro se encarga de las palabras, los números,  la lógica, el análisis, el criticismo y el juicio. El hemisferio derecho a su vez se encarga de los sonidos, las imágenes, los patrones, las funciones quinestésicas y sensoriales, la emociones, el “panorama general”, la libre asociación y la creatividad. 

            De acuerdo a esta información, ¿qué modelo de pensamiento parece ser el más apropiado para una práctica efectiva?  ¿Respondió el hemisferio izquierdo? ¡Correcto! Ahora, ¿cual parece ser el más efectivo para presentaciones que sean  artísticas, inspiradoras y dinámicas? Hemisferio derecho ¡Exactamente! Desafortunadamente, muchas veces hacemos lo opuesto. En el salón de práctica, tenemos la tendencia a practicar descuidadamente, repitiendo pasajes una y otra vez hasta que suenen mejor, corrigiendo algunas cosas, pero haciéndolo inconscientemente. No obstante, tan pronto como nos subimos al escenario, nuestro hemisferio izquierdo nos inunda con pensamientos sobre analíticos, con críticas, con planeación excesiva y con muchas cosas más que sólo sirven para preocuparnos con detalles técnicos y nos causan inhabilidad para tocar tan libre y automáticamente como somos capaces.  ¿Está familiarizado con el término “parálisis por análisis”? Esto es exactamente lo que pasa cuando nos damos cuenta que nuestros movimientos y nuestro sonido están siendo evaluados por otros. Lo contrario a este estado de parálisis se denomina comúnmente como “flow” o “la zona” donde todo parece funcionar perfectamente y nuestra manera de tocar es fácil, libre y sin esfuerzo.   ¿Cómo pasamos de pensar con el hemisferio izquierdo a pensar con el hemisferio derecho y meternos en “la zona”? Una herramienta muy efectiva se conoce como centering.

Centering

            Centering es lo que los psicólogos deportivos llaman una rutina previa a la competencia.  Fue diseñada en 1970 por el renombrado psicólogo deportivo Dr. Robert Nideffer, y adaptada para músicos y artistas por el psicólogo deportivo olímpico Dr. Don Greene. Centering es un medio muy efectivo para (a) canalizar los nervios productivamente y (b) dirigir la atención incluso en las situaciones más extremas. Una vez entendido, el centering es rápido y muy efectivo y garantizará que cada presentación comience exitosamente.  

            Hay siete pasos, cada uno diseñado específicamente para trasladarnos progresivamente más cerca a la tranquilidad, enfoque y equilibrio del hemisferio derecho del cerebro  y para alejarnos de los miedos, dudas y auto criticismo del hemisferio izquierdo. 

Paso 1: Elija su  Foco de Atención
            Seleccione un punto fijo en la distancia, donde se sienta cómodo. Podría ser en el atril, el piso en frente suyo o la última fila de la sala de conciertos, pero cualquiera que sea, asegúrese de que esté por debajo del nivel de la vista. Un punto focal ayuda a minimizar las distracciones y evita la tentación de pensar solamente con el hemisferio izquierdo del cerebro

Paso 2: Cree una Intención Clara 
            Una intención clara es esencialmente la definición de un objetivo específico. ¿Qué va a hacer cuando esté en el escenario? ¿Cómo quiere sonar exactamente? ¿Qué quiere comunicarle al público precisamente? Utilice un lenguaje asertivo y declarativo como “voy a tocar brillantemente, con pasión y con contrastes de dinámica claros” en vez de decir “espero sonar bien”. 

             No utilice la palabra “no”. Si lo hace, pondrá una imagen negativa en su cabeza y generará miedos y duda. Por ejemplo, cuando te repites a ti mismo “No falles la nota aguda”  ¿Cuál es la primera imagen que se te pasa por la cabeza? Fallar la nota aguda, ¿no es así? ¿Qué imagen se te viene a la cabeza cuando te dices a ti mismo  “voy a tocar la nota aguda exitosamente”? Aprenda a dirigir su atención en lo que quiere y no en lo que no quiere. 

Paso 3: Respire conscientemente 
             Una de las técnicas  más poderosas para invertir signos de estrés tiene que ver con aprender a respirar diafragmáticamente. Bajo una situación de estrés, nuestros cuerpos tienden a respirar corto, rápido y desde el pecho. Es un mecanismo natural del cuerpo para defenderse. La respiración diafragmática es la manera más eficiente de respirar biomecánicamente., y más aún, contribuye a activar la llamada  respuesta del sistema nervioso parasimpático, la cual es el antídoto de nuestro cuerpo para contrarrestar el modo de pelea. 

Paso 4: Busque y libere el exceso de tensión 
              Una de las consecuencias más nefastas del estrés al tocar es la tensión muscular. A medida que nuestros pensamientos se vuelven más negativos, nuestros músculos se vuelven más tensos y menos flexibles.  ¡Y no cualquier musculo, si no lo que más necesitamos controlar!

              Revise sus músculos de la cabeza a los pies a medida que respira lenta y profundamente, grupo muscular por grupo muscular, liberando tensión al exhalar. Hay un video corto en YouTube que muestra un ejercicio que evalúa tu habilidad para relajar tus músculos cuando lo desees (http://www.youtube.com/watch?v=qRy5XrpuVcQ). 

              Si desarrolla una conciencia aguda de la tensión muscular incluso cuando prácticas y eres capaz de controlar tus niveles de tensión cuando tocas, serás capaz de hacerlo cuando toques es un concierto o recital y te sentirás mucho más en control.  

Paso 5: Encuentra tu centro
             ¿Conoce el concepto ki o chi de las artes marciales? En la filosofía oriental, chi se describe como  “la energía vital” del ser humano. Existe una ubicación específica en nuestro cuerpo donde esta energía reside y es básicamente nuestro centro de gravedad. Si alguna vez ha observado los movimientos de un maestro de las artes marciales o incluso de algunos atletas o bailarines, notará una presencia, gracia y balance sin importar sus tallas o sus dimensiones físicas. No sólo la sensación de estar centrados es una sensación de calma y seguridad, sino que el simple acto de buscar el centro limita la actividad del hemisferio izquierdo del cerebro. 

Paso 6: Revise su mapa mental
              Existe la tendencia a enfocarnos demasiado en detalles mínimos. Esto puede ser pertinente mientras practicamos  pero nos puede paralizar cuando estamos en el escenario. La solución es enfocarnos en el mapa mental del hemisferio derecho del cerebro, esencialmente, un recordatorio de cómo suena, se siente o se ve cuando producimos los sonidos exactamente como lo deseamos.

               Hay dos maneras de hacerlo. Una, experimentar con palabras que representen el sonido/sensación/imagen al producir el sonido agradable, la articulación limpia o la afinación sólida que deseamos. Ejemplos de dichas palabras son: golpe de arco suave, dedos ligeros, cambios parejos, fluido, poderoso, calmado o tranquilo. No es la palabra en si lo importante sino que la clave es el sonido/sensación/ imagen mental al tocar exactamente de la manera que deseamos.

La segunda manera de seguir el paso 6 es evitar el uso de  palabras en absoluto  y solamente escucharse, sentirse o verse tocar de la manera exacta que queremos.

Paso 7: Dirija su energía 
               Para cuando haya llegado a este paso, habrá hecho un cambio hacia un estado mental más calmado y enfocado que lo llevará a tocar con su máximo potencial. Habrá reducido sus nervios y en este último paso dirigirá toda la energía que le queda hacia una presentación dinámica e inspiradora.  Así es como se usa la energía en vez de deshacerse de ella. 

               Realice una búsqueda interna rápida de toda la energía de su cuerpo y sienta que se  reúne en su centro. Yo solía imaginarme mi centro y mi energía como una de esas lámparas de plasma que se venden en las tiendas (vaya a google y busque “lámpara de plasma” si no sabe a lo que me refiero). Ahora, dirija su energía hacia arriba a través de su torso y cuello, hacia su cabeza y expúlsela a través de sus ojos  hacia el punto focal que identificó en el paso 1 como si se tratara de un rayo láser.  Imagine este rayo como un conductor para su música y como la energía que  llevará su intención clara al público.

               Esto puede parecer artificial para algunos, pero esta energía es real. ¿Alguna vez ha conocido a alguien increíblemente intenso, que quizás invade un poco su espacio personal y que luce tan intenso que se siente incómodo y piensas que puede ver lo que está dentro de tu cabeza y lo que piensas? Esa es la misma clase de energía a la que me refiero. En lugar de tratar de deshacerte de la energía que la adrenalina produce, canalícela hacia su presentación y lleve su manera de tocar a ¡otro nivel!

Practique Centering
               Cuando empiece a practicar centering, al principio puede tomar varios minutos seguir todos los pasos. Sin embargo, si lo practica de 10 a 15 minutos todos los días, empezará a notar la diferencia en una semana o dos y podrá centrarse en 5 o 10 segundos.  Algunos notan la diferencia en cuestión de días. La clave, como en todo, es la consistencia y la persistencia. 

               Muchos de estos elementos, sino todos, se pueden compartir incluso con los estudiantes más jóvenes  ya sea que se pongan nerviosos cuando tocan o no. No como un medio para reducir la ansiedad, pero como una manera de mejorar la concentración y la claridad de la intención musical. Muchos de los aspectos del centering pueden ayudar tremendamente en las secciones de práctica a garantizar que se permanezca enfocado en la tarea que se tiene en mente (en vez de reforzar malos hábitos con la repetición mecánica). 

              Con un poco de tiempo y de práctica, creo que el centering cambiara su forma de abordar su manera de tocar y de practicar como lo hizo para mí y para muchos otros que han aprendido de este proceso.

Como dice el refrán, “No se puede detener las olas, pero se puede aprender a surfear”.

p.s.  Si necesita más ayuda para aprender a “surfear”, vea Beyond Practicing – un curso en línea para el mejoramiento de la ejecución del instrumento que contiene una asesoría más profunda sobre el centering y otras seis habilidades clave que le ayudarán a convertirse en la clase de músico que crece bajo presión.  

 
¿Cuántas horas al día debemos practicar? Esta es una pregunta con muchas respuestas. En este artículo, el Dr. Kageyama nos da un numero de variables y comportamientos que nos ayudaran a definir cuanto tiempo es bueno para cada músico. La práctica deliberada es la clave para la respuesta a esta pregunta. Espero que este artículo les ayude a encontrar la manera más efectiva de practicar. “Practica con tus dedos y necesitaras todo el día. Practica con tu mente y lo podrás hacer en una hora y media”. Leopold Auer
 
 
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¿2 horas? ¿4 horas? ¿8 horas? ¿12 horas?

¿Cuánto es suficiente?

¿Existe el “practicar demasiado”?

¿Existe un número óptimo de horas que debo practicar? 

¿Qué dicen los instrumentistas? 

Algunos de los grandes artistas del siglo veinte han hablado sobre este tema. Recuerdo que leí una entrevista con  Rubinstein hace algunos años, en la cual decía que nadie debe de practicar más de cuatro horas al día con la explicación de que si alguien necesita practicar más de cuatro horas al día, probablemente no lo está haciendo bien.  

Otros grandes artistas expresaron ideas similares. Se dice que ViolinindesNathan Milstein  una vez le preguntó a su profesor   Leopold Auer  cuantas horas al día debería estar  practicando ( once asked his teacher Leopold Auer how many hours a day he should be practicing). Auer le respondió diciendo “Practica con tus dedos y necesitaras todo el día. Practica con tu mente y lo podrás hacer en una hora y media.”

Heifetz también afirmó que él nunca creyó en secciones largas de práctica y que la práctica excesiva es “!tan nociva como no practicar nada!” Decía que en promedio practicaba no más de tres horas al día y que no practicaba los domingos. Saben que esta no es una mala idea, uno de mis profesores Donald Weilerstein, me recomendó que estableciera un periodo de tiempo de 24 horas cada semana en el que no se me estaba permitido tocar el instrumento. 

¿Qué dicen los psicólogos?

Cuando se trata de entender   la experticia y de tocar como un experto, el psicologo  Dr. K. Anders Ericsson es quizás la autoridad mundial en este tema. Su investigación es la base para la “regla de los diez años” y “la regla de las 10.000 horas” que sugiere que se requiere al menos diez años y y/o 10.000 horas de practica deliberada para lograr un nivel de experto en el desempeño de cualquier disciplina  y, para el caso de los músicos, a menudo cerca de 25 años para lograr un nivel elite internacional. Note que la clave real no es la cantidad de practica que se requiere (la cantidad exacta de horas es debatible)  sino el tipo  de práctica que se requiere para alcanzar el nivel experto en la interpretación del instrumento. En otras palabras, practicar de la vieja forma no es suficiente.

Práctica descuidada

¿Alguna vez has escuchado a alguien mientras practica? ¿Te has escuchado ti mismo mientras practicas?  Grábate a ti mismo por una hora, sal y camina un poco por la escuela de música y escucha a escondidas algunos de tus colegas o pídele a tus estudiantes que se imaginen que están en su casa y obsérvalos practicar durante su lección. ¿Qué observas?

Notaras que la mayoría de los estudiantes que practican descuidadamente, ya sea repitiendo (“practicar este pasaje  10 veces” o “practicar esta pieza por  30 minutos”) o practicar en modo autopiloto  (sucede cuando tocamos una pieza hasta que escuchamos algo que  no nos gusta, paramos, repetimos el pasaje de nuevo hasta que suena mejor y continuamos la pieza hasta que  escuchamos la siguiente cosa con la que no estamos satisfechos,  momento en el que comenzamos todo el proceso nuevamente).  Hay tres importantes problemas con un método de práctica descuidado.

1. Es un desperdicio de tiempo

¿Por qué? Primero, cuando se practica de esta manera ocurre muy poco aprendizaje productivo. Esta es la manera como podemos practicar una pieza por horas, días, semanas y sentir que no hemos mejorado mucho. Mucho peor, lo que estas realmente haciendo es cavando tu propia tumba ya que lo que hace este modelo de práctica es fortalecer aquellos hábitos y errores indeseables, aumentando literalmente tus posibilidades de cometer errores de una manera consistente mas adelante. Esto hace que sea más difícil corregir los malos hábitos en el futuro,  de manera que te encuentras adicionado más tiempo de práctica del que es necesario con el fin de  eliminar esos malos hábitos y malas tendencias. Una vez trabajé con un profesor de saxofón que le gustaba recordarle a sus estudiantes que “la práctica no lo hace a uno perfecto sino que crea hábitospermanentes”  (“Practice doesn’t make perfect, practice makes permanent.”)

2. Pierdes la confianza

Además, practicar descuidadamente disminuye la confianza en ti mismo, ya que una parte de ti se da cuenta que no sabes realmente como producir consistentemente los resultados que quieres. Incluso si estableces una tasa de éxito alta en los fragmentos más difíciles por medio de la practica descuidada  y  te das cuenta que puedes tocar correctamente tres o cuatro veces de cinco intentos, tu nivel de confianza no crecerá mucho. La confianza real en el escenario proviene de (a) ser capaces de tocar correctamente diez veces de diez intentos, (b) darse cuenta que no es una coincidencia que puedas tocar correctamente cuando quieras y más importantemente (c) saber precisamente las razones por las que tocas correctamente o por las que fallas. Por ejemplo, sabes exactamente lo que necesitas hacer desde el punto de vista de la técnica para tocar un pasaje correctamente cada vez que quieras. 

Quizás no puedas tocar perfectamente al principio, pero para eso es que el la repetición, para reforzar los buenos hábitos hasta que son más fuertes que los malos hábitos. Se parece un poco a cuando tratamos de tener un césped bonito. En vez de entablar una batalla de nunca acabar con la maleza, inviertes tu tiempo tratando de cultivar  el césped de manera que con el tiempo el césped es mayor que la maleza.  

Y más importante aún. Tendemos a practicar inconscientemente, y terminamos tratando de tocar en el escenario de una manera consiente lo cual no es una gran fórmula para el éxito. Recuerda en este artículo (http://www.davidlopeztuba.com/1/post/2013/11/cmo-hacer-de-la-ansiedad-al-tocar-una-ventaja-en-vez-de-un-problema.html) que tenemos una tendencia a pensar con el sobre analítico hemisferio izquierdo del cerebro cuando estas en el escenario. Pues bien, si has practicado inconscientemente, en realidad no sabes tocar la pieza perfectamente cuando quieras. Cuando de repente tu cerebro pasa a estar en el modo de total conciencia, terminas en pánico porque no sabes qué instrucciones darle a tu cerebro.

3. Es tedioso y aburridor 

Practicar descuidadamente es una faena. La música es quizás una de las actividades basadas en habilidad en la que los objetivos de la práctica se pueden medir en unidades de tiempo. ¿Todos hemos tenido profesores que nos dicen que nos vayamos a casa y practiquemos un pasaje x número de veces o que practiquemos x número de horas, verdad?  Lo que realmente necesitamos son objetivos más específicos tales como “practica este pasaje hasta que suene como ____”, o “practica este pasaje hasta que puedas sonar como _____”.

Después de todo, no importa cuánto tiempo pasamos practicando algo, lo único que importa es que sepamos como producir los resultados que queremos y lo podamos hacer consistentemente cuando queramos.  

Práctica deliberada

¿Qué es práctica deliberada  o consiente? La práctica deliberada es una actividad sistemática y altamente estructurada, la cual es,  a falta de un mejor término, científica. En vez de un proceso inconsciente de  ensayo y error, es un proceso de experimentación consciente y activo con objetivos e hipótesis claros. El violinista Paul Kantor  una vez dijo que el salón de práctica debe de ser un laboratorio donde uno puede  jugar con ideas diferentes, musicales y técnicas, para ver  que combinación de ingredientes produce los resultados que buscas.

La práctica deliberada es a menudo lenta y requiere de la repetición  de pequeñas secciones específicas de tu repertorio en vez de tocar de principio a fin (es decir, trabajar en la primera nota de tu solo para asegúrate de que “habla” exactamente cómo quieres que sea en lugar de tocar toda la primera frase.)

La práctica deliberada requiere la supervisión  de nuestras presentaciones en el escenario (en tiempo real pero también por medio de grabaciones), buscando continuamente nuevas maneras de mejorar. Significa que tenemos que escuchar lo que pasa para poder decir exactamente qué fue lo que falló. Por ejemplo, ¿la primera nota salió alta? ¿Baja? ¿Demasiado forte? ¿Muy suave? ¿Muy estridente? ¿Demasiado corta? ¿Muy larga?

Digamos que la nota salió muy alta y muy larga sin suficiente ataque al comienzo. Bien, ¿cuán alta salió? ¿Poco? ¿Mucho? ¿Cuánto sobró con respecto a lo longitud que querías que sonara? ¿Cuál es la intensidad del ataque que querías?

Ok, la nota estaba un poco más larga, y necesitaba un ataque mucho más claro para que correspondiera a la articulación y a las dinámicas marcadas en la partitura. Entonces, ¿Qué la nota salió alta?  ¿Qué hiciste? ¿Que necesitas hacer para asegurarte que la nota salga perfectamente a voluntad? ¿Cómo te aseguras de que la longitud de la nota es la que quieres exactamente y qué haces para tener un ataque limpio y consistente al comienzo de la nota para que la frase empiece con el carácter correcto? 

Ahora, imaginémonos que grabaste todo y puedes escuchar como sonó el último intento.  ¿Esa combinación de ingredientes te da el resultado que quieres? En otras palabras, ¿la combinación de ingredientes expresa el estado de ánimo y el carácter que deseas comunicar a la audiencia tan efectivamente como pensaste que sería?  Pocos músicos se toman el tiempo de parar, analizar qué fue lo que falló, por qué  paso y cómo corregir el error de manera permanente. 

¿Cuántas horas al día debo practicar?

Te vas a dar cuenta de que la práctica deliberada es muy agotadora, dada la tremenda cantidad de energía que se requiere mantener todos nuestros recursos de atención para la tarea que se está realizando. Practicar mas de una hora cada vez va a ser probablemente improductiva y honestamente, probablemente imposible mental y emocionalmente. Incluso los individuos más dedicados tendrían dificultades para practicar más de cuatro horas al día. 

Hay estudios que han variado la duración de la práctica diaria entre 1 hora y 8 horas, y los resultados sugieren que se obtiene poco beneficio cuando se practican más de cuatro horas al día y que las posibilidades de beneficio decrecen después de la segunda hora.  La clave es controlar siempre el nivel de concentración que eres capaz de sostener. 

5 claves para una práctica más efectiva 

1. Duración

Defina la duración de sus secciones de práctica de acuerdo al tiempo en el que pueda estar totalmente concentrado. Puede ser tan corto como  10-20 minutos para estudiantes jóvenes y tan largo como  45-60 minutos para músicos experimentados.

2. Sincronización

Mantén un registro de los momentos durante el día en el que tienes la mayor cantidad de energía. Puede que sea a primeras horas de la mañana o antes del almuerzo, etc. Trata de llevar a cabo tus secciones de práctica durante estos periodos de tiempo naturalmente productivos ya que son momentos en los que serás capaz de enfocarte y pensar más claramente.  

3. Objetivos

Utiliza una libreta de anotaciones. Mantén un registro de los objetivos de tu práctica y lo que descubres  durante tus secciones de práctica. La clave para entrar en la “zona” cuando practicamos es buscar constantemente la claridad de nuestra intención. En otras palabras,  tener una idea clara del sonido que quieres producir, o la frase particular que quieres ensayar o la articulación específica, la afinación, etc. para que puedas tocarla consistentemente. Cuando descubres algo, anótalo en la libreta.  A medida que empecé a practicar más cuidadosamente, comencé a aprender tanto durante mis secciones de práctica que si no escribía cada descubrimiento, lo olvidaría. 

4. Más inteligente no más fuerte 

Algunas veces si un pasaje en particular no está saliendo como quieres, quiere decir que necesitas practicarlo más. También hay momentos en los cuales no necesitamos practicar más fuerte sino que necesitamos una estrategia o técnica diferente.

Recuerdo que tenía problemas con el pizzicato de mi mano izquierda en la variación del capricho 24 de Paganini. Me estaba dando frustración y continuaba tratando más duro para hacer que las notas hablaran, pero todo lo que logré fue herir mis dedos hasta el punto de sangrar. Me di cuenta que tenía que haber una forma más inteligente, más efectiva de lograr mi objetivo.  

En lugar de tratar obstinadamente de usar una estrategia o técnica que no estaba funcionando para mí, me obligué a dejar de practicar dicho fragmento. Pensé en diferentes soluciones al problema durante un día o dos y escribí las ideas a medida que sucedían. En el momento en el que creía que tenía algunas soluciones prometedoras, empecé a experimentar. Finalmente, encontré la solución en la que había estado trabajando por una semana o más y toqué el capricho para mi profesor y ¡él me preguntó cómo hacia hablar las notas tan claramente! 

5. Modelo de resolución de problemas

Considera este resumido modelo de 6 pasos para resolver problemas (adaptación de varios  procesos de resolución de problemas (problem solving processes) en línea).

    <li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Define el problema (¿Cómo quiero que suene esta nota o frase?)<li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Analiza el problema (¿Cuál es la causa de que suene así?)<li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Identifique las soluciones potenciales (¿Qué debo cambiar para hacerlo sonar más como yo quiero?)<li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Pruebe las soluciones potenciales para seleccionar cual es la más efectiva (¿Cuál parece haber funcionado mejor?)<li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Implemente la mejor solución (haga que los cambios sean permanentes.)<li “color:#333333;mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:=”” auto;line-height:19.5pt;mso-list:l0=”” lfo1;tab-stops:list=”” .5in”=””>Supervise la implementación (¿Estos cambios continúan produciendo los resultados que estoy buscando?)

O más simple todavía, mira este modelo del libro de  Daniel Coyle “The Talent Code.

     

No importa si hablamos de perfeccionar la técnica o  de experimentar con diferentes ideas musicales. Cualquier modelo que defina objetivos claramente articulados que nos inviten a pensar más inteligentemente y más sistemáticamente nos ayudará a disminuir tiempo perdido de práctica ineficaz.

Después de todo, ¿quién quiere pasar todo el día en el salón de práctica? ¡Entre, haga las cosas bien y salga!

ACTUALIZACION: ¿Piensas que todo esto tiene que ver solamente con música clásica? Para los aficionados al jazz miren esta publicación “practicar efectivamente” (practicing effectively) escrita por el aclamado violinista de jazz Christian Howes para una perspectiva útil y consejos sobre la práctica del jazz. Como dato curioso, estuvimos juntos en clases del método Suzuki en Columbus, Ohio  cuando éramos niños.

ACTUALIZACION #2: Encontré esta publicación bien pensada sobre práctica deliberada (post on deliberate practice  escrita por un joven y astuto chelista de la Northwestern University.

ACTUALIZACION #3: y un excelente  y provocador escrito sobre le practica deliberada para la gente de negocios, ( piece on deliberate practice for folks in business)  y otros campos no musicales (un blog fascinante además).

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Acerca del Dr. Noa Kageyama
Psicólogo de la  interpretación instrumental (Performance psychologist) alumno y profesor en  Juilliard, Dr. Noa Kageyama le enseña a los músicos a tocar con su máximo potencial en situaciones de presión a través de casos reales, asesorías y cursos en línea.  Dr. Kageyama vive en la ciudad de Nueva York, está casado con una pianist increible, tiene dos niños divertidos y tiene una leve obsesión con  tecnología y los productos de Apple.   
Para más información visite: 
http://www.bulletproofmusician.com