La Música: Nosotros…

 
Entre las múltiples maneras que tengo de divertirme con la música, la docencia y el trabajo con adultos son las que me causan las mayores satisfacciones. La alegría que surge en el alma de las personas al hacer música, así ésta sea de carácter melancólico, es algo único. Luego de cada sesión de trabajo me quedo largo rato meditando acerca de los rostros iluminados y entusiastas con que se va cada participante y la convicción de que nuestra profunda naturaleza humana es musical se acrecienta.
 
Todas las personas, sin excepción, tenemos un vínculo íntimo con la música, relacionamos determinadas canciones a momentos especiales de nuestra vida (tanto alegres como tristes), los acontecimientos más importantes, y los triviales también, están acompañados por ella; el momento central del día más importante del año para cada uno de nosotros, en el que se celebra nuestra llegada al mundo, es un canto regalado amorosamente por nuestros seres más cercanos y queridos.
 
¿Qué es esto entonces? ¿Qué tipo de magia posee este arte que nos involucra de manera tan honda a todos los seres humanos? Hace unos días una señora me dice: “Yo no puedo cantar, yo no soy músico”, un momento, le digo: todos somos músicos. una persona puede no ser abogado, médico o arquitecto, pero no puede de ningún modo no ser músico. La música es algo inherente a lo más esencial de nuestra naturaleza humana, todos somos personas, y persona, en su etimología latina, viene de per sonare que quiere decir: para sonar. Evidentemente una persona puede sonar de muchas maneras distintas: si  rueda por las escaleras va sonar, si lo atropella un automóvil o si solamente estornuda también. Ahora, cuando habla suena de una manera única, ya que el timbre de nuestra voz es algo que nos pertenece y representa de manera individual, cualquier persona que nos conoce nos puede reconocer sólo con oírnos hablar. Pero la manera más elevada de sonar que tenemos los seres humanos es cuando entonamos los tonos musicales, es decir cuando colocamos toda nuestra voluntad en lograr frecuencias estables de sonidos y  nos esforzamos  además por combinarlas de manera armoniosa.
 

Por más que se diga que las aves u otros animales “cantan”, la verdad es que  no lo hacen; no existen coros de gaviotas, ni sinfonías de ratones. Sólo los seres humanos cantamos, solamente nosotros hacemos música y dotamos a los sonidos de un orden, estructura, sentido, significado  y fundamentalmente una intención expresiva, en este sentido una obra musical es similar a una biografía, aunque ésta sea, en apariencia, un poco caótica.

Muchas personas creen que sólo los que se entrenan musicalmente de manera profesional y que además poseen un talento especial para este arte pueden ser considerados “músicos”.; esta afirmación podría ser válida únicamente para señalar a los que estudiaron este arte de manera profesional. Sin embargo, una madre que le canta a su niño para que duerma, una persona enamorada cantando una serenata, unos amigos que se juntan alrededor de una fogata a tocar su guitarra y cantar, están haciendo música, están manifestando su esencia musical.

No es poco relevante el hecho de que todos tenemos algo importante que decir acerca de la música. Pocas personas serían capaces de opinar acerca del desempeño de un médico durante una cirugía al páncreas o  criticar las técnicas empleadas en la fabricación de vidrio templado, sin embargo todos somos capaces de opinar y argumentar acerca de la música sin necesidad de haber pasado previamente por las aulas del conservatorio o de alguna institución especializada en su enseñanza. Cada individuo tiene alguna o varias canciones favoritas, un grupo, un género estilo musical preferido, y, sobre todo, es capaz de fundamentar el por qué tal o cual canción o intérprete es mejor que tal o cual otro.

Chladni investigó acerca de la acción del sonido sobre la materia; es decir, acerca del sonido como fuerza estructurante que da forma y ordena todo lo que puede ser percibido a nuestro alrededor. Todos llevamos una pequeña porción de esta fuerza en nuestra voz y la hacemos evidente cuando hacemos música con ella. Diversas investigaciones demuestran el importante impulso al desarrollo de la inteligencia, en diversas áreas, que se logra a través del cultivo de las facultades musicales de las personas y no son pocos los que sienten en sí mismos el efecto terapéutico de la música. Gracias a este arte nos es posible reencontramos cada vez con lo más profundo y elevado de nuestra condición humana.

 

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